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Al menos uno de cada seis jóvenes han perdido su trabajo durante la pandemia, según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Aquellos que tienen entre 15 y 24 años han sido golpeados “de manera desproporcionada”, con un daño más profundo incluso para las mujeres. Las tasas de desempleo juvenil en algunos países como Brasil, Uruguay o Argentina tenían antes de la pandemia cifras cercanas al 30%, números muy por encima del promedio regional que se acerca al 19%. “La crisis está afectando a los jóvenes con mayor gravedad y rapidez que a cualquier otro grupo. Si no tomamos medidas inmediatas, el legado del virus podría acompañarnos durante décadas”, ha advertido el director general de la OIT, Guy Ryder.
Los jóvenes entre 15 y 24 años están sufriendo “de manera desproporcionada” los golpes económicos de la pandemia de la COVID: La vida se ha detenido y el futuro ha sido engullido por la incertidumbre. Ahora, que le han echado “de la noche a la mañana” del trabajo que tenía como practicante —parte de los despidos masivos que han hecho en meses recientes, pensar en los días por venir implica replantearse quién se quiere ser y cómo se quiere vivir.
La pandemia ha puesto pausa a la rutina de millones de jóvenes. Los ha llevado a reconsiderar sus prioridades, sus formas de vida, sus objetivos. Han pasado de imaginar un futuro inclusivo y lleno de oportunidades a reinventarse en un presente intimidante. Nadie sabe cuál será el costo real de la crisis provocada por el parón de la covid, pero los pronósticos alertan que los jóvenes de entre 18 y 25 años serán quienes se lleven la peor tajada. Y América Latina, una de las regiones que más caro lo pague. Ante la perspectiva de un futuro embargado, la Generación Z en el continente se aferra a la idea de construir una nueva normalidad más consciente de asuntos pendientes como el cambio climático, la desigualdad social y el rol de la mujer.
Pero saben que lo tendrán difícil: Terminar la universidad, encontrar un trabajo que le guste, quizás incluso abrir su propio emprendimiento, independizarse, irse de la casa de sus padres. “Mi principal miedo es que por mi culpa o por una pandemia termine viviendo en casa (de mis padres) para siempre”, reconocen algunos jóvenes. Las antiguas promesas de progreso a cambio del esfuerzo, como la de acceder a una vivienda propia tras muchos años de trabajo, o la idea de que una carrera universitaria pueda garantizar un buen futuro, ya habían comenzado a desintegrarse para la Generación X (los nacidos entre 1965 y 1979, aproximadamente) y la Generación Y (los célebres millennials, nacidos entre 1980 y 1995). Con poca experiencia laboral y sin ahorros, los centennials (aquellos que nacieron entre 1996 y 2010) siguen el camino de sus predecesores y ven alejarse cada vez más estas perspectivas.
El temor a no poder independizarse tiene su raíz en las historias de la mayoría de sus amigos que se vieron obligados a volver a vivir con sus padres tras perder sus empleos en los últimos meses. “No importa lo que hagamos, a uno le queda en el subconsciente que es un retroceso”, agregan.

Fuente: El País de Madrid

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